Competir o no competir

Admitámoslo: el pole dance, como deporte, revuelve algo en nuestro interior que nos obliga a ir a más. Algunos superamos los traumas y hacemos figuras intimidantes sólo porque vemos a nuestros compañeros hacerlo. Nunca menospreciemos el poder del ¿por qué ellos sí y yo no? Otros se lo llevan más lejos. Sienten el ansia de desafiarse hasta los límites, mostrar su poder a un amplio público y darse a conocer, llevarse un reconocimiento por su arte y su trabajo.

 

Es curioso cómo unos nos paralizamos ante semejante situación de verte bajo una gigantesca lupa. Y cómo los segundos la gozan. Pero mucho. Mucho, mucho.   El ejemplo del segundo tipo que tengo más a mano es mi compañera, profesora y amiga Blanca Sánchez (nombre de guerra: Blanca Blonx, que os va a sonar más). La conocí en el Campeonato de Pole Sports de Tarragona hace ya unos años. Era su bautismo…